En el campo de la educación, y específicamente en la comprensión de los procesos de enseñanza-aprendizaje, esta concepción comienza a tomar fuerza a partir de los años sesenta y representa la antítesis de los modelos conductistas y neo conductistas propios de la tecnología educativa, con profundas raíces en el empirismo, el positivismo y el racionalismo instrumental. Estos, de acuerdo con Allport  (1968), parten de un determinismo mecanicista donde se despoja al ser humano de fuerzas teleológicas superiores, del empuje hacia el futuro, viéndolo como un organismo vacío que actúa por asociaciones entre estímulo y respuestas.

Resulta en este sentido especialmente significativo examinar críticamente y desde la óptica de los enfoques humanistas, las limitaciones de la educación tradicional, constatando los mitos o suposiciones en que se fundamenta explícita o implícitamente, tal como los ha recogido Mary Jensen (En: Yelon y Weinstein, 1991):

 1. El mito de la estupidez original: los alumnos son estúpidos hasta que el maestro los hace listos

 2. El mito de la racionalidad pura: la racionalidad es buena, pero el cuerpo y las emociones son peligrosos y deben conservarse, en toda ocasión, bajo el control de la mente

3. El mito del conocimiento estable: la creencia de que el conocimiento es sagrado, cierto y fijo

4. El mito del mejor modo: existe el mejor modo para resolver un problema, generalmente el del maestro

5. El mito de la actividad intelectual: el aprendizaje es visto como una actividad "intelectual", separada y clara; reconstruir un automóvil viejo después de la escuela obviamente no es "intelectual"

6. El mito de aprender versus hacer: si uno está haciendo algo, entonces no puede estar aprendiendo algo

7. Finalmente, el mito de que los ciudadanos constructivos y creativos provienen de estudiantes pasivos.

 Para los humanistas, por el contrario, la educación significa la práctica de la libertad, abierta a la vida y la felicidad, al enriquecimiento del ser, a la búsqueda de la autonomía individual y la realización plena de la personalidad. La educación humanista es ajena a todas las manipulaciones seculares que aplastan la singularidad y despersonalizan el proceso, como son el moldeamiento del proceso a la usanza de los enfoques skinnerianos, el autoritarismo, la normatividad rígida y la estandarización.

Alumno: Juan Pablo Herrera

C.I: 19.559.948